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Impacto psicológico de la crisis del COVID-19 en niños y adolescentes

¿Cuál es el impacto psicológico de la crisis del COVID-19 en niños y adolescentes?

El Grupo de Investigación de AITANA, Universitas Miguel Hernández nos habla en este fantástico artículo el impacto psicológico de la crisis del Covid en niños y adolescentes.

En tiempos de pandemia los niños y adolescentes son especialmente vulnerables, ya que su entorno se ve particularmente alterado. El informe de la Alianza para la protección de la niñez y adolescencia en la acción humanitaria (2019) describe los riesgos a los que se exponen los menores durante los brotes de enfermedades infecciosas, incluido el COVID-19. Entre los principales destaca el estrés psicosocial y los problemas psicológicos.

La incertidumbre, el confinamiento en el hogar o la hospitalización del niño o familiares directos, las situaciones de duelo, entre otros, son condiciones que pueden generar dificultades de adaptación. El estrés de los cuidadores, el cierre de los centros educativos, y el consumo de alcohol y tóxicos han sido identificados como causas del riesgo de prácticas parentales negligentes, violencia doméstica y otras situaciones de maltrato físico y emocional hacia los menores.

Las medidas de confinamiento suponen una situación sin precedentes recientes en nuestro país, de la que se ha documentado un impacto negativo sobre el bienestar físico y psicológico de niños y adolescentes (Brazendale et al., 2017; Brooks et al., 2020; Orgilés et al., 2020). Entre los factores que más pueden afectar destacan la pérdida de hábitos y rutinas y el estrés psicosocial, de acuerdo al primer estudio que examinó el impacto psicológico de la cuarentena por COVID-19 en niños de China (Wang, Zhang, Zhao, Zhang, y Jiang, 2020). La retirada de hábitos durante el confinamiento (p.ej. no asistir a clase), y la instauración de otros no saludables (p.ej., sedentarismo, dietas poco saludables, patrones de sueño irregulares o mayor uso de pantallas) pueden derivar en problemas físicos, además de ganancia de peso. Aunque en España las clases presenciales fueron sustituidas por diferentes alternativas online, se estima que el 10% de los escolares no ha podido seguirlas y que una de cada cinco familias españolas no dispone de ordenador (INE, 2019). Este intento por mantener la rutina escolar es sólo un ejemplo de las desigualdades sociales y la vulnerabilidad a la que están expuestos los niños y adolescentes en estos momentos.

En las etapas posteriores al confinamiento, al retomar rutinas la mayoría de niños y adolescentes han recobrado su funcionamiento normal, si bien una parte de ellos puede necesitar ayuda psicológica, especialmente quienes han sufrido la pérdida de personas cercanas, los que presentaban problemas psicológicos previos, trastornos del desarrollo o aquéllos con cuidadores con inestabilidad económica o psicopatología previa. Los niños separados de sus cuidadores durante la pandemia (bien por la infección u hospitalización del niño o de sus cuidadores) o que han sufrido la pérdida de un ser querido serán más propensos a presentar problemas psicológicos, miedo a la infección y ansiedad por separación, por lo que posiblemente necesitarán atención psicológica especializada (Liu, Bao, Huang, Shi y Lu, 2020).

Demandas de atención psicológica

La pandemia del COVID-19 puede generar al menos dos tipos de demandas en las que se requiera de atención psicológica: a) Aquéllas que podemos considerar específicas por ser identificable la relación entre la conducta problema y uno o varios estímulos relacionados con el contexto COVID-19. Nos referimos a situaciones donde la familia del niño haya podido sufrir efectos directos del COVID-19 en lo que afecta a la salud, economía o impacto social. Se incluyen los casos de niños con alteraciones afectados por un elevado estrés familiar, especialmente niños y adolescentes que hayan experimentado casos cercanos de contagio y/o hospitalización o de duelo por el fallecimiento de personas allegadas. Y b) Afectaciones de tipo inespecífico o multi-problemáticas, ante las que no es posible identificar un único estímulo desencadenante, más que el conjunto de cambios contextuales derivados de la pandemia. Son demandas que pueden estar relacionadas con una preocupación de intensidad diversa y moderada sobre la salud, con el miedo al contagio propio o de familiares, miedo o pesimismo respecto al futuro, sensación de vulnerabilidad alta, malestar ante la incertidumbre, etc.

Prevención del impacto emocional en niños y adolescentes

El enfoque preventivo de la psicología puede aportar al menos tres beneficios relevantes en este contexto: a) detectar tempranamente casos de riesgo, b) paliar a tiempo los efectos de un contexto estresante para niños y adolescentes, y c) reducir los síntomas leves antes de su agravamiento. En la etapa post-confinamiento es muy conveniente detectar y prevenir problemas derivados del impacto en niños y adolescentes. Recomendamos para ello optar por una combinación de protocolos de seguimiento informado por los padres, que no causen reactividad en niños y adolescentes, e intervenciones comunitarias (escolares) de prevención primaria y secundaria, preferentemente de tipo indicado en lugar de universal.

Son aspectos clave para un adecuado trabajo preventivo es una adecuada detección de casos de riesgo mediante instrumentos fiables de cribado. Además, es crucial la integración de la evaluación en el contexto escolar, familiar y clínico. La coordinación entre padres, profesionales de la psicología y otros profesionales de la educación, la nutrición o el trabajo social según aconsejan las guías internacionales sobre el COVID-19 (Liu et al., 2020). No ha de descuidarse el seguimiento de niños que no hayan presentado hasta el momento ninguna señal de afectación emocional, y que puedan experimentar más adelante síntomas subclínicos de tipo principalmente ansioso y del estado de ánimo.

El escenario en el que nos encontramos es aún cambiante, por lo que será necesario continuar analizando e interviniendo en las necesidades emocionales infanto-juveniles. El estado de alerta generado por el COVID-19 y todas sus consecuencias suponen un conjunto de estresores nuevos y diferentes a otros anteriores que puede provocar en la población infantil alteraciones psicológicas semejantes a otros estresores conocidos. Los niños y adolescentes pueden tener mayor vulnerabilidad si presentan características de estructura familiar, nivel educativo, origen étnico, situación o condición física y/o mental, que les haga requerir de un esfuerzo adicional para incorporarse al desarrollo y a la convivencia. Su adaptación y afrontamiento de esta situación está mediada en gran parte por el papel de los padres y de otros agentes sociales relevantes (maestros, familiares, etc.). En este contexto será necesaria la detección de situaciones de riesgo derivadas de la pandemia y el confinamiento, aplicar programas de prevención indicada cuando concurran factores de riesgo, y articular y evaluar protocolos de atención ante cuadros clínicos derivados del COVID-19, que hemos denominado aquí multi-problema o inespecíficos. Es importante recordar el cumplimiento de las garantías técnicas y deontológicas especiales (De la Torre y Pardo, 2018) que implica la evaluación y tratamiento psicológico a través de Internet en contexto clínico infantil. La psicología infantil cuenta con herramientas basadas en la evidencia que permiten la evaluación y tratamiento tanto de forma presencial como telemática de los problemas psicológicos generados por el COVID-19.

Autores: José Pedro Espada, Mireria Orgilés, José Antonio Piqueras y Alexandra morales

 

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